EL BIEN DEL SAUCE

Por MARTÍN NUNZIATA


Mucho se habla del “Mal del sauce”. Dicen que es un flagelo que se contagia de este árbol oriundo y abundante de las costas rioplatenses y del Delta del Paraná.
Ver ¿Qué es el "Mal de Sauce"?.

El "Mal del sauce" – cuenta la leyenda oral- era una suerte de vagancia que se producía en todo aquél que se sumía en la quietud al aproximarse al río y su exuberante vegetación, extasiado por el paisaje ribereño.



Alguna vez, en los bajos ribereños de San Isidro, uno de los “contagiados” me hizo una pintura verbal de cómo decían de él aquellos que acuñaron lo del “mal”. Imaginaban – relataba el personaje- que un tipo, en este caso yo, decía él, estaba dormitando en un muelle semi destruído a la vera de un río. En el dedo gordo del pie atada una línea de pescar esperando un pique que asegurara la ingesta. Obviamente, y de aquí el nombre, el cuadro se completaba con un frondoso sauce que proyectaba su sombra sobre la escena.

Más que "Mal del sauce", sentí cierta envidia de aquel hombre y me quedó una gran intriga que con el tiempo creo que estoy resolviendo a favor de aquella imagen.

Se trata entonces de reivindicar por partida doble al maltratado sauce, por aquello del mal sobre las personas y por una estética y calidad discutida que lo estigmatiza y lo discrimina.



En los treinta y cinco años que llevo viviendo entre aguas, no he podido comprobar el mal que pueda haber causado a personas, más bien todo lo contrario.

Aquella vagancia, ocio no productivo, que se atribuye a las personas que hemos sido inoculadas por este “virus” lo rescato con otra mirada. Como el hallazgo del sentido de la vida por el contacto intenso, pacificador y amoroso que tenemos con la naturaleza.

Luego, este escenario que nos brinda tanto, cubre muchas expectativas existenciales, filosóficas, espirituales, y materiales. Salir de este entorno verde-acuático, resulta hostil, incómodo y muchas veces innecesario.

Recientemente, en un paseo de amigos recorrimos el espinel por distintos ríos y encontré que me decían lo mismo que yo venía observando: "¡No quiero, no necesito y me resulta hostil ir a la ciudad!,¡Me encanta estar en mi casa!", "¡Me resulta placentero transportarme por agua y ver la naturaleza cambiante de la isla!".

Sin embargo, coincidimos en que de ser ermitaños, somos ermitaños sociables y convinimos que no estaba bien que se hablara de “El mal del sauce”. Hasta hubo una propuesta de hacer una asociación que pudiera llamarse “Los Amantes del Bien del Sauce”. Pero enseguida dijimos: "Organización, no.". Pero sí nos gustó aquello del tributo al noble árbol y comenzar a hablar entonces del "Bien del Sauce".

El sauce, lejos de causar algún mal, es un árbol originario del Delta (en su variedad criolla) que nos provee de madera, de sombra, fija las costas y es una gran casa de pájaros; hay que ver al sauce con sus largas ramitas descendentes interpretando como nadie, la danza del viento. Y es de él que se extrae el ácido acetilsalicílico, materia prima para la conocidísima aspirina y otros analgésicos.

Se lo estigmatiza erradicándolo del paisaje urbano y de los barrios cerrados como árbol ordinario. Calificando además su madera en cuanto a su calidad, como “berreta”.

Uso la madera de sauce en diseños de utilización diaria y artística. Dejarían a más de uno sin argumentos sobre el valor del sauce que además de ser excelente, también sirve para encalidecer nuestra vida como leña.

Es por todo lo dicho que una vez más, quiero reivindicar a Nuestro Sauce y que aquellos que así lo crean, se pregunten como yo:

¿Y si hablamos de "El BIEN DEL SAUCE"?

Martín Nunziata
marzo del 2012
martindelaisla@gmail.com